
Empieza una nueva semana, y hoy lunes 28 de enero se celebra el 155 aniversario del nacimiento del apóstol cubano José Martí; por ende la esperanza está viva. En todos los rincones del planeta se oyen las voces de los pueblos que se levantan, como lo hiciera José Martí por la libertad de Cuba de las garras del imperio español, o que continúan las luchas por hacer de la consigna “Otro mundo es posible”, su estandarte, su bastión de combate.
El cambio climático mundial y la culpabilidad innegable del sistema capitalista en ello, la usurpación de recursos por la fuerza de las armas y de la sinrazón, el hambre, la falta de servicios públicos y de salud, el bloqueo infame del sionismo a Gaza, tierra palestina, el ALBA y la nueva relación económica entre las naciones latinoamericanas basada en la solidaridad más que en la acumulación de capital; el intervencionismo yanqui creando guerras de rapiña allá y acullá, la genuflexión de las oligarquías mundiales al capital imperialista, pero también la resistencia de los pueblos con su organización desde abajo, desde la base social más sencilla, son hoy noticia.
Nada nuevo dirían muchos de ustedes, pero recuerden que hace una década no existía el faro glorioso de Suramérica y de las naciones y pueblos que ahora dicen, en el alba de su futuro, “Basta de saqueo, basta de intervencionismo, basta de falta de libertad” y decidieron tomar el destino en sus manos. Cuba, faro de faros, fue en últimas la nación socialista que dio los primeros pasos para enfrentar a ese imperio nefasto a tan sólo 90 millas de sus costas. De allí, de su ejemplo, nació la Unión de los Pueblos y de los gobiernos más cercanos a sus pueblos, representada firmemente en la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA).
El imperialismo actúa sobre la base de las amenazas y ha intentado, de la mano de gobiernos cipayos, acusar a esta asociación de naciones de idealista y de no tener futuro político ni económico, y concretamente se ha centrado en Venezuela y en su gobierno popular, acusando al presidente Chávez de narcotraficante y terrorista con la consabida ayuda de gobiernos oligárquicos latinoamericanos que se prestan para ese juego sucio. Ah, y los grandes medios de comunicación “informan” maliciosamente estas mentiras, pretendiendo crear la confusión y luchando por ganar adeptos ideológicos. Pues sí, hasta en la Última Cena encontramos a un Judas con intereses particulares y esa figura es ahora muy actual, muy propia para la primera década de este nuevo siglo que se visualiza difícil para el devenir de la especie humana y para las naciones pobres del mundo.
A todo lo anterior se suma la gran recesión de Estados Unidos. Se prevé que puede ser tan grande, o quizás mayor que la recesión de los años 30’s del siglo XX. ¿Y eso qué significa? Pues que el capitalismo mundial va a sufrir de una parálisis que puede estremecer a todo el planeta, en tanto al no movilizarse el capital y acumularse adecuadamente, el imperialismo busca los caminos más expeditos que son, entre otros, la guerra, pues con ella la industria armamentista mundial mueve recursos suficientes para que el capital financiero salga más rápidamente de la crisis generada por la lógica del capital. Y de nuevo aparecen amenazados los trabajadores, ahorradores, pequeños inversionistas y todos aquellos que de una u otra manera participan del mundo laboral y del mercado mundial de bienes y servicios.
¿Qué resta por hacer? Los pueblos y sus dirigentes naturales, aquellos que deben “mandar obedeciendo”, deben prepararse para dar la réplica a ese nuevo reto que nos restriegan en nuestras caras y que de no saberse responder la pagaremos muy caro. El capitalismo ya no es un sistema sostenible, si es que algún día lo fue, concluyó el presidente Daniel Ortega en la última reunión del ALBA, realizada recientemente en Venezuela. Pues esta verdad, que parece elaborada sólo bajo una visión ambientalista, y de hecho abreva allí, es más una profecía del pasado que ahora vemos cumplida, cuando veíamos avanzar las fuerzas productivas a unos ritmos que Carlos Marx no se los imaginó, para satisfacer a la sociedad moderna, que atiborrada de publicidad se ha llenado de mercancías inocuas y ahora, como colofón de dicha práctica económica, el planeta comienza a cobrarnos con un alto costo social y ambiental.
Nuestro principal papel como Corporación, es, aparte de luchar por una solidaridad efectiva a todos los pueblos del mundo, concienciar a todos los compañeros que siempre nos han acompañado, y al pueblo en general, de todas aquellas amenazas pero también de las fortalezas y debilidades del movimiento social mundial para que aunadamente, desde los ámbitos de la solidaridad, la movilización, la denuncia y la acción política, detengamos la “hecatombe” de la depredación final de nuestros destinos y vidas.
Esperemos pues que este granito de arena, el de la conciencia avivada y actuante, pueda servir para redefinir nuestro futuro, y con él, nuestra libertad, esa llama tan tanue, tan frágil, sobre la cual los enemigos de la humanidad lanzan permanentemente bocanadas frías de muerte y no futuro.
Hasta pronto
Consejo Editorial de La Corporación Cultural Colombo Cubana de Amistad con los Pueblos
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