lunes, 16 de noviembre de 2009

No a las bases militares yanquis en nuestro país


Hay un clamor latinoamericano: no a la división de nuestros pueblos, no al mandado que el gobierno uribista le está haciendo al imperialismo norteamericano. A 200 años del inicio de la gesta independentista, sale a la palestra un nuevo atropello contra nuestros pueblos de parte de un imperio y de una oligarquía neogranadina, hija del pensamiento sucio del prohombre de ellos, el siniestro Francisco de Paula Santander, el planificador del intento de magnicidio del libertador Simón Bolívar.

La entrega que pretenden hacer en bandeja de plata a esa amenaza planetaria llamada imperialismo norteamericano, contra el cual se moviliza el planeta entero, -empezando por el digno pueblo de Okinawa en el Japón, el cual exige la salida de las bases militares que desde el inicio de la guerra fría tienen los yanquis allí-no será avalada por el pueblo colombiano, y por el contrario, convoca a la lucha contra semejante iniquidad que amenaza directamente a los países del Alba y a las revoluciones nacientes nuestroamericanas. Nadie que se llame un hombre conciente puede cohonestar con semejante atropello imperialista.

Desde este portal llamamos al estudio en detalle del acto traidor del gobierno uribista, pues actuó como un gran cipayo en esto de la violación de la soberanía. Llamamos a tomar conciencia de la gravedad de los hechos, y desde este lado de la trinchera, nos hacemos solidarios con los pueblos amenazados por las nuevas hordas que hace rato se mueven en el país como Pedro por su casa.

Lo que se desprende del tal "acuerdo", que es realmente una imposición imperialista firmada por el mayordomo uribista, es que las fuerzas de ocupación yanquis tengan toda la potestad de moverse y actuar como les venga en gana y con toda la impunidad del caso, puesto que van a tener acceso a todo el espacio aéreo, al espacio radioeléctrico, a todas las bases militares colombianas y van a gozar del paraíso de la inmunidad, figura igual o equivalente a la impunidad. Y a todo lo anterior le están sumando los esfuerzos del MOSSAD israelo-sionista para destruir desde la raíz, la revolución bolivariana, con la incursión continua del paramilitarismo en Venezuela.

Desde las 7 bases, se prepara la incursión contra los gobiernos "antiestadunidenses" como está definido en el libro blanco de la fuerza aérea yanqui, libro ya conocido por Unasur y sus mandos militares. Desde ellas, y con tecnología de punta, se atentará contra las comunicaciones del hermano país de Venezuela, se hará inteligencia, se provocarán enfrentamientos, y en definitiva, se intentará impedir el avance de los procesos revolucionarios en nuestro continente.

Esta entrega no tiene parangón alguno en el continente ni en el mundo. Un planeta que requiere de justicia y paz para llevar a efecto la lucha contra el hambre, contra el cambio climático mundial, contra la recesión económica que amenaza continentes enteros, no se puede dar el lujo que gobiernos de la calaña del colombiano, le atraviesen un palo en la rueda de la historia para impedir lo mínimo que Suramérica ha estado construyendo muy a pesar de la oligarquía colombiana: la solidaridad entre los pueblos para un mundo mejor.

Ese ejemplo de independencia y soberanía no podía ser respetado por el "gobierno del cambio" de Obama. Ese nuevo inquilino de la Casa Blanca ha demostrado ser otro vocero de las transnacionales imperialistas el cual ha intentado engañar a los pueblos con un discursito edulcorado con ciertas poses "democráticas" que ya casi han sido desveladas, a pesar de ese infausto premio nobel que le dieron a cambio de nada. Y es de nada, porque ahora hasta se dispone a apoyar las fraudulentas elecciones en Honduras que se realizarían con un gobierno golpista en el poder.

El objetivo estratégico de las bases militares yanquis no es otro que retomar la embolatada dominación en su patio trasero, el cual se le ha estado incendiando desde el pasado gobierno del genocida Bush. Y el gobierno colombiano ahí, a la espera de cumplir su papel histórico, es decir, el papel de incendiario y bombero a la vez, para bien de su amo: el imperialismo norteamericano.

¡No pasarán! les decimos a los apátridas. Llamamos a todo el pueblo colombiano para que actuemos como un solo hombre, sin miedo y con la mira puesta en nuestro futuro. La historia nos dará la razón, de eso estamos seguros.

¡No a las bases militares yanquis en nuestra Patria!
¡Viva la unidad de los pueblos latinoamericanos!
¡Contra las bases de guerra, bases de paz en todo el planeta!
¡Ante el atisbo de convertirse nuestro país en colonia gringa, nueva gesta independentista!
¡Imperialistas y oligarcas: somos colombianos, no colonianos!
¡Colombia no será nunca otra estrella más en la bandera imperialista yanqui!





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